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| Hidroituango. Imagen tomada de Internet. |
Por muchos años he trabajado el tema de la gestión del riesgo de desastres y ahora me encuentro en una situación en la que he aprendido a entender los desastres desde su comprensión más estructural: desde la salud pública y los determinates sociales y ambientales y para ello que querido hacer esta entrada toda vez que el tema de Hidroituango está que hierve. He aquí mi planteamiento sobre el tema.
Otra vez Ituango y Bajo Cauca como representación del desastre social. Otra vez las fuerzas antrópicas se ciernen sobre esa región agobiada por la ausencia del Estado y las violencias sistemáticas de años atrás y ahora una obra inconclusa que amenaza con llevarse las vidas y los sueños de sus pobladores.
Otra vez Ituango y Bajo Cauca como representación del desastre social. Otra vez las fuerzas antrópicas se ciernen sobre esa región agobiada por la ausencia del Estado y las violencias sistemáticas de años atrás y ahora una obra inconclusa que amenaza con llevarse las vidas y los sueños de sus pobladores.
Entiendo la defensa y bondades como también lo logros de EPM a lo largo de los años como empresa pública antioqueña y colombiana, y es necesario apoyarla en estos momentos, pero resulta también necesario aclarar asuntos que parecen no haberse aprendido en todos estos años de lecciones aprendidas y de respuestas contingentes.
Primero que todo decir que la idea viral que viene difundiéndose en redes sociales que alertan sobre si fracasa Hidroituango “…enfrentaríamos 2 años en apagones por la demanda que sobrepasa la oferta de energía…sin eso no hay industria, no hay economía, ni sociedad civilizada”, esa idea resulta ser especulativa y falsa. Ciertamente es un Fake que anda circulando y que se contrapone a la versión de hoy (17 de mayo) de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg) en vocería de su representante Alejandro Castañeda quien indica que “hasta el año 2022 la situación se encuentra bajo control en materia del suministro de energía en Colombia.” (1) (2) . Lo claro es que Hidroituango no es una obra pensada como contingencia, es una obra de provisión energética de largo plazo. No es porque Colombia se vaya a quedar sin suministro de energía sin esa presa. En términos de energía eléctrica EPM sí que es previsiva. Lo que si no es previsiva es en términos de gestión del riesgo social, ambiental y de desastres.
Sorprende que los planteamientos de defensa a EPM se replique con avidez viral sin una revisión de contraste, porque hasta donde se ha aprendido en Colombia, desde el terremoto de Popayán (1979), Palacio de Justicia y Armero (1985), Villatina (1987) la gestión del riesgo en Colombia va más allá de la lógica de la reacción y la respuesta frente al evento calamitoso “natural”: El desastres del pozo de Ecopetrol en Barrancabermeja hace pocas semanas, el colapso del viaducto de Chirajara y el riesgo de desastre actual de Hidroituango (eventos típicamente antrópicos) ponen en evidencia que hay algo de mucha falta de previsión y de gestión del riesgo en estas mega-obras. El tema de la gestión del riesgo no es solamente un asunto del manejo, la contingencia, la respuesta ¿dónde queda el conocimiento, la reducción? ¿Dónde queda entonces la transferencia del riesgo, donde queda en el discurso la planeación estructural y los procesos de determinación de la sostenibilidad del largo plazo? ¿Dónde queda la salud pública y la salud ambiental? Y habríamos que preguntarnos ¿acaso los desastres no tendrían también su origen en la codicia y en las ambiciones de los intereses de los megaproyectos cuando se imponen por encima de los intereses sociales y ambientales.
Y acá es donde insistimos en que las cosas se pueden hacer de otra forma y diferente, por ejemplo el caso de la mega-mina que se pretendía hacer en Cajamarca, Tolima. Decían que si no se seguía haciendo minería, el pueblo se empobrecería y llegaría la ruina. Pero Cajamarca es un pueblo agricultor por excelencia: pero ellos prefirieron el agua y sus recursos naturales y le apostaron a la agricultura y a la arracacha y a su pan coger anual y bianual. ¿Qué ocurre ahora? Cajamarca sigue produciendo arracha de la mejor, es una despensa agrícola nacional y ahora también limones de interés gourmet, pero Creps and Wafles se comprometió a comprar toda la producción de la región sin intermediarios, directamente a los productores. Ahora en ese restaurante ya se puede pedir un delicioso Creps de arracacha y como bebida limonada de árboles que tienen el sabor del desarrollo alternativo y la resistencia a la operación minera de riqueza cortoplacista. Invito a revisar el homenaje de Crepes & Waffles a Cajamarca alojado en la referencia (3) .
Pero también es necesario volver a agitar el tema de las energías alternativas y renovables en la cual debemos seguir trabajando e ir más rápido que la lógica extractivista de las energías fósiles y las hidroeléctricas porque simplemente son energías no renovables, energía de desgaste de la oferta ambiental y también del territorio y del tejido social, la vida útil de las hidroeléctricas no compensa los costos sociales en el largo plazo ni los costos que representa la recuperación ambiental. Tampoco las afectaciones sobre la biodiversidad por más que se trabaje en rescate de fauna, se sustituyan los bosques y se inventaríen los árboles, la riqueza ictiológica con arraigo cultural no se restaurará jamás. La teoría de los desastres nos dice que un peso en prevención equivale a 10 pesos en atención. Invertir en energías alternativas es invertir en ese 1 a 10 en prevención.
Entonces resulta necesario revaluar la defensa ideológica del modelo neoliberal ortodoxo que mantiene el statu quo y que propende por sostener las cosas como van, así porque sí, porque es la lógica del desarrollismo y que se impone a costa de las comunidades y del medio ambiente y que contrapone a todas luces la misma ideología que las agencias humanitarias han decidido defender. También resulta necesario revisar qué es lo que entienden los megaproyectos por gestión del riesgo de desastre, sostenibilidad social y ambiental.
Un futuro muy incierto nos espera si seguimos la receta clásica de las economías de mercado, y las mega obras estractivistas y agotadoras de las oferta ambiental y de socavación de la base social de los territorios en aras del progreso y el desarrollo, en tanto que ese desquilibrio entre medio ambiente, desarrollo y población inclina la balanza a favor de los desastres.
Un futuro muy incierto nos espera si seguimos la receta clásica de las economías de mercado, y las mega obras estractivistas y agotadoras de las oferta ambiental y de socavación de la base social de los territorios en aras del progreso y el desarrollo, en tanto que ese desquilibrio entre medio ambiente, desarrollo y población inclina la balanza a favor de los desastres.
Estamos sembrando salud.
1.
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Caracol Radio. Caracol Radio. [Online].; 2018 [cited 2018 mayo 17. Available from: http://caracol.com.co/radio/2018/05/17/economia/1526580489_905943.html.
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2.
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Saenz J. El Espectador. [Online].; 2018 [cited 2018 mayo 17. Available from: https://www.elespectador.com/economia/atraso-de-hidroituango-no-pone-en-riesgo-sistema-electrico-acolgen-articulo-755936.
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3.
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Redacción Vivir. El Espectador. [Online].; 2017 [cited 2018 mayo 17. Available from: https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/arracacha-en-el-menu-homenaje-de-crepes-waffles-cajamarca-articulo-728423.
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